Juan Campos y Jorge Beneyto parkour Monóvar JJFilmz

JJ Filmz, cineastas de lo urbano en el mundo audiovisual

Hemos quedado en su lugar favorito de Monóvar, estamos en la Avenida de los Pintores y el sol aún aguanta. Juan y Jorge son amigos desde la guardería, ahora van a cumplir 20 y 19 años, pero hace ya cinco que les une un pasatiempo que ocupa ya todo el que tienen libre. Han recorrido Monóvar como nadie lo ha hecho antes, haciendo parkour. Empezaron por casualidad, un amigo dijo que iba a probar y sin saber muy bien que significaba se lanzaron a las calles. Hoy son los supervivientes de una moda. Supervivientes y pioneros, ahora reconvertidos en editores de vídeo. Juan y Jorge son ahora JJ Filmz, una pequeña productora que monta y edita escenas urbanas, puestas de sol y todo lo que se les presente.

Como si de ninguna proeza se tratase, hablan de si mismos y de este deporte como algo muy natural. El parkour es esencialmente callejero, se aprovecha la ciudad y sus instalaciones para ir de un punto A a un punto B muy rápido, eficiencia en los movimientos. Definen su relación con esta actividad como un proceso de autosuperación. Antes salían todos los días, han pasado tardes enteras en el Palera entrenando, en la Goletja o en cualquiera de los parques del pueblo, a base de ensayo error, saltos, barras y volteretas. Preparación e impulso. Empezaron en esto cuando en Monóvar se impuso como moda, eran muchos y se ponían pocos límites. Poco a poco, han quedado los más fieles, “somos las viejas glorias, porque no hay nadie más” dice Jorge riendo. “Ahora salimos menos que antes pero el poco tiempo que estamos es más intenso, vemos más cosas y hacemos más cosas” explica Juan, “ahora hay más nivel y podemos sacar más partido a lo que hacemos y hacer cosas más grandes”. El parkour es una carrera de fondo, de equilibrio, practicas mucho todo lo que vayas a hacer, no es en esencia peligroso.

Como traceurs, así es como se llaman las personas que hacen parkour, han estado en Elda, Petrer, Aspe, Elche, Alicante, Valencia, Barcelona o Almería. Quedadas donde la carta de presentación son tus maniobras y tus saltos, y de las que han quedado grandes amistades que aún conservan y han seguido cultivando. Y Monóvar, ¿sirve para hacer parkour? “aquí no hay parques, hay callejones” dice Jorge. Callejones, tejados y diferentes alturas. Se ajustan a lo que les da el lugar. Pasean como urbanitas de ropa ancha haciendo volteretas y barras, el gimnasio es la ciudad.

Ellos saben bien que te pueden desanimar con las canciones de siempre sobre perder el tiempo y lo que tiene o no futuro. Si te encuentras con tus padres y, te has roto los dos brazos, como le pasó a Juan, quizá tiene sentido que te llamen al cuidado, pero ellos también saben que la perseverancia es indispensable en el Parkour. Esa constancia, y pensar por ellos mismos, es lo que les ha llevado a este momento, lo que les ha traído la satisfacción de verse reconocidos por sus vídeos, incluso profesionalmente.

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Juan empezó a subir vídeos a la red en 2009, con una cámara digital y algo de efectos de posproducción hizo sus pinitos en Youtube. Más tarde aprendieron con programas semiprofesionales y ahora editan juntos en JJFilmz con herramientas y programas más complejos, que dan mayor calidad, junto a su cámara reflex, al resultado final de sus montajes. Señalan como influencias a 128films, que han hecho muchos vídeos en el escenario del rap español, y todo el mundo del parkour en el extranjero. Les sigue gustando más hacer parkour, pero han encontrado una salida y otra pasión en la edición de vídeos. Su primera incursión en el mundo profesional fue hará unos meses con una promo que le hicieron a una pequeña empresa de Elda, Atelier, que hace mochilas juveniles. Se pusieron en contacto con ellos por un mensaje en la red y, tal como ellos destacan, sorprendentemente les pidieron un vídeo y así recibieron su primer sueldo como JJfilmz.

Los traceurs son respetados y se ganan la vida en otros países, se imparten clases y se conoce el deporte. Hace dos años que fuera de España ya tienen patrocinadores y se han lanzado marcas de ropa de parkour, como en cualquier actividad urbana deportiva. “Aquí no hay ni siquiera gimnasios de parkour” dice Juan, “había uno en Sevilla y cerró” recuerda Jorge. Entre la comunidad nacional se comunican por Facebook, comparten vídeos, y ven sus evoluciones.

En España se están dando algunos avances, como charlas o clases de instituto, en Novelda un amigo suyo las imparte en uno de los institutos públicos. “Podríamos haber hecho charlas o talleres” dice Juan. “No tenemos las instalaciones para poder practicar cosas, igual vamos a Alicante y no podemos hacer algo que es fácil, porque no lo hemos podido practicar” explica Juan. Estos jóvenes monoveros se han adaptado al medio urbano que les ofrece este singular municipio. “Podemos hacer cosas más pequeñas, pero más difíciles” comentan. “Hemos visto cosas y lugares de Monóvar, con los que no nos hubiéramos encontrado de otra forma” destacan ambos.

Denuncian, además, que la zona del Palera y el barrio de la Goletja están descuidadas y desamparadas. “No se ha sabido ver el potencial de esta zona” señala Juan. “Nosotros siempre hemos intentado cuidar las cosas” explica Jorge, que cuenta que de eso se trata el parkour de aprovechar la ciudad, y en este caso Monóvar, para dar rienda suelta a su original manera de desconexión, como dice Jorge “cualquier persona que haga un deporte va estar más sano mentalmente”. Nunca han tenido muchos problemas con vecinos o policía, pero si se encuentran con ese rechazo inicial que puede despertar un grupo de jóvenes reunidos en la calle, con ropa deportiva y alguna que otra rasta.

A pesar de las limitaciones, del oasis urbano que suponen en Monóvar, o de las bajas (metafóricas) entre sus compañeros traceurs. Juan y Jorge hablan de Monóvar, de sus calles, del parkour y de sus vídeos con ilusión y satisfacción. En sus vídeos se pueden ver planos de parajes de Monóvar, los campos, la torre, y la particular luz de final de la tarde que hacen que uniendo estos elementos con gusto y estilo propio, queden unos resultados tan destacables y frescos. “Cuando salimos a hacer parkour o simplemente salir, intentamos aprovechar el momento, si hay un buen cielo, o una buena luz, sacamos la cámara” explica Jorge. Ahora les gustaría incluir tomas en sus vídeos grabadas con Gopro o con una cámara Drone, un dispositivo que graba mientras vuela bajo, como un avión teledirigido.

Ninguno de los dos sabía que les depararía su futuro, ni si tendría que ver con el parkour, con el que quieren continuar. Juan ha accedido a un ciclo superior de edición de vídeo y Jorge quiere ir por el mismo camino. Dos amigos, dos traceurs, que el tiempo ha mantenido unidos gracias al parkour, un deporte de precisión y de espectacularidad visual, y que ahora les empuja hacia la misma dirección, como cineastas de lo urbano en el mundo audiovisual.

Texto : Julia Marhuenda